La anemia se define como una concentración baja
de hemoglobina en la sangre. Se detecta mediante un análisis de laboratorio en
el que se descubre un nivel de hemoglobina en la sangre menor de lo normal.
Puede acompañarse de otros parámetros alterados, como disminución del número de glóbulos rojos, o disminución del hematocrito, pero no es correcto
definirla como disminución de la cantidad de glóbulos rojos, pues estas células
sanguíneas pueden variar considerablemente en tamaño, en ocasiones el número de
glóbulos rojos es normal y sin embargo existe anemia.
La anemia no es una enfermedad, sino un signo que puede estar
originado por múltiples causas. La deficiencia de hierro precede a la
aparición de la anemia ferropénica, la cual es la
causa principal de todas las formas posibles de anemia. Se caracteriza por un
descenso de las cifras de hemoglobina, hematíes pequeños con poca cantidad de hemoglobina en su interior y
cifras bajas de hierro en los depósitos (descenso de la ferritina). Se produce principalmente por patologías
gastrointestinales o, en el caso de
las mujeres jóvenes, por menstruaciones habitualmente muy abundantes; no obstante, se comete con
frecuencia el error de atribuir la presencia de anemia ferropénica a los
sangrados menstruales, sin hacer otras evaluaciones. Por lo general, la anemia
se maneja inadecuadamente en la mayoría de los pacientes, puesto que no se
suele investigar su origen o la evaluación es incompleta, limitándose el médico
a administrar tratamientos con hierro oral.
La hemoglobina es una molécula que se encuentra en el interior
de los glóbulos rojos de la sangre y sirve para transportar el oxígeno hasta
los tejidos. Por ello cuando existe anemia severa, los tejidos y órganos del
organismo no reciben suficiente oxígeno, la persona se siente cansada, su pulso
está acelerado, tolera mal el esfuerzo y tiene sensación de falta de aire.
Cuadro clínico
Los síntomas y signos de la anemia se
correlacionan con su intensidad y la rapidez de su instauración. Otros factores
que pueden influir son la edad del paciente, su estado nutritivo, y la existencia
de insuficiencia cardíaca o insuficiencia
respiratoria previa.
Los síntomas que se
observan en la anemia aguda incluyen: debilidad (astenia), palpitaciones y falta de aire con el
esfuerzo (disnea). También pueden
aparecer síntomas cardiovasculares como taquicardia, disnea de esfuerzo
marcada, angor, claudicación
intermitente. En ocasiones se producen cambios de carácter que se
manifiestan como irritabilidad, desinterés, tristeza y abatimiento.
En la pérdida súbita
de sangre por hemorragia aguda, sobre
todo si es voluminosa y se pierde el 40% del volumen sanguíneo que equivale a 2
litros de sangre, predominan los síntomas de inestabilidad vascular por hipotensión, y aparecen signos
de shock hipovolémico, tales como confusión, respiración de Kussmaul, sudoración y taquicardia.
En la anemia crónica
de mucho tiempo de evolución, muchos pacientes se adaptan a la situación y
sienten muy pocos síntomas a menos que haya un descenso brusco en sus niveles
de hemoglobina.
Diagnóstico
Tratamiento
El tratamiento
primario de la anemia asociada a diversas enfermedades crónicas consiste, en
primer lugar, en intentar eliminar o solucionar la enfermedad principal
subyacente, lo que origina su curación definitiva en la mayor parte de los
casos; o al menos su mejoría notable, salvo que persistan otros mecanismos
fisiopatológicos o deficiencias asociadas. Por otra parte, se procede a la
administración de hierro.

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