El Dr. Deepak Chopra afirma
que “envejecer es un
error”. En realidad, envejecer puede ser peor que un error,
puede ser una catástrofe para nuestro cuerpo, pero no necesariamente debe ser
así. Para la mayoría de las personas envejecer es aún sinónimo de una reducción
en la calidad de vida que hace que aparezcan las llamadas “enfermedades de la
vejez” como el cáncer, el Alzheimer y la artritis.
Permitirse envejecer y enfermar no es una elección
prudente, sino un error. Todas las enfermedades, incluso un simple resfriado, aceleran
el envejecimiento y da lugar a otras enfermedades. Cuando eso ocurre, nuestros
médicos habitualmente aplican a esas dolencias tratamientos que generan más
envejecimiento y más enfermedad, en un círculo vicioso que debemos aprender a
romper.
Para disfrutar de una vida larga y saludable es esencial
aprender a prevenir y a frenar el proceso de envejecimiento y las enfermedades.
Afortunadamente, no es un aprendizaje difícil. Con un pequeño esfuerzo por
nuestra parte, cualquier persona puede estar más sana y biológicamente más
joven.
No podemos controlar ni detener la edad cronológica, el reloj no se detiene, pero sí podemos tener
controlada nuestra edad biológica y
también la edad psicológica. Es perfectamente posible tener 66 años y tener
las arterias de una persona de 30. Esto es ya una realidad en muchas personas
que se lo han propuesto y está prácticamente al alcance de cualquiera.
Envejecer es un error que no estamos obligados a cometer.
Una mirada a la historia nos permite ver cómo los Hunzas,
un pueblo de las montañas del extremo norte de la India, han vivido más allá de
los cien años como personas vigorosas, robustas y saludables sin otras
dolencias que algún constipado y poco más, por lo que sabemos que eso es
posible. Para que nosotros consigamos ese estado de salud en edad tan avanzada
tenemos que aprender a evitar el envejecimiento y la enfermedad. Eso sólo es posible,
si aprendemos a prevenir y frenar la inflamación.
En realidad, no existe más que una enfermedad que podemos denominar disfunción
celular (mal funcionamiento de las células) y una disfunción común a todas las
enfermedades crónicas es un proceso que llamamos inflamación. Sea cual sea la
dolencia que padezcamos, la parte más importante del problema es la
inflamación. Si aprendemos a evitar o detener ese proceso de inflamación
estaremos aprendiendo a detener el envejecimiento y a mantener una salud permanente.
En principio, la inflamación es un proceso natural y
saludable. Si por descuido nos hacemos un corte en un dedo, el cuerpo pone en
marcha de forma inmediata un proceso de inflamación que neutraliza los micro
organismos dañinos, ayuda a reparar la herida y elimina los desechos que ha
producido ese corte. La inflamación (como el estrés) es muy necesaria en
momentos concretos pero se convierte en algo muy nocivo cuando se hace crónico.
La inflamación crónica genera radicales
libres de manera permanente que superan la capacidad de nuestras defensas y
dañan el ADN, acelerando el envejecimiento y dando paso a diversas enfermedades
que van desde cardiopatías, cáncer y diabetes a osteoporosis, artritis,
alergias, Alzheimer, así como varios tipos de infecciones.
Es lamentable observar que más de la mitad de la
población sufre las consecuencias de la inflamación crónica. Se multiplica el
número y el tamaño de los hospitales y cada vez están más llenos de pacientes.
Más de la mitad de las personas que han cumplido los 50 están sometidos a un
envejecimiento rápido y prematuro y la gran mayoría padece alguna enfermedad
diagnosticable como crónica.
La pregunta es ¿qué
produce la inflamación? La población occidental y cada vez en mayor medida también
la población española, a pesar de nuestra envidiada “dieta mediterránea” sufre
procesos de inflamación a causa de nuestros hábitos alimenticios. Nuestra dieta
o el tipo de alimentos que ingerimos carecen de nutrientes que ayuden a
prevenir y controlar la inflamación, mientras que es rica en componentes que la
favorecen.
La siguiente pregunta importante es ¿cómo frenar ese proceso inflamatorio? Para plantearlo de forma
breve se trata de evitar o reducir al máximo los tres grandes enemigos: el azúcar, la harina blanca y los aceites o
grasas procesadas. Para un buen número de personas habría que añadir un
cuarto enemigo importante que son los lácteos.
Estos llamados “productos
alimenticios” son pro-inflamatorios, por lo que resultan los mejores
colaboradores del envejecimiento y las enfermedades y así mantienen los
hospitales llenos y hacen subir las acciones de la industria farmacéutica.
Aunque nos suene extraño, el hecho es que el azúcar y la
harina blanca son venenos para el organismo. Unos venenos que nuestro cuerpo
aprende a tolerar, pero que ponen en marcha el proceso inflamatorio. Ignorantes
de este peligro, los españoles consumen un promedio de 30 kilos de azúcar y 72
kilos de harina por año. Ambos productos aumentan los niveles de azúcar en la
sangre. Si consideramos que incluso un pequeño aumento de ese nivel genera
radicales libres que producen inflamación, nos daremos cuenta del esfuerzo inútil
que añadimos a nuestro organismo al favorecer las condiciones para que
aparezcan diversas enfermedades y puesto que la mayoría de la población ingiere
estos venenos a diario en forma de pan, pasta, cereales para el desayuno,
galletas, pasteles, bebidas, refrescos y dulces de todo tipo, la enfermedad es la industria de
crecimiento más rápido.
Las grasas y aceites hidrogenados utilizados en miles de
productos que compramos en el supermercado contienen un exceso de ácidos
omega-6 que también provocan la inflamación crónica. Sin embargo son los
omega-3 los que reducen el proceso inflamatorio. Históricamente, los humanos
solíamos consumir más o menos la misma cantidad de estas diferentes grasas y
aceites, que nos mantenían en un equilibrio saludable. Pero hoy consumimos unas
20 veces más grasas con omega-6 que con omega-3. Las carnes de vacuno de animales
alimentados con grano, los pollos e incluso el pescado de piscifactoría también
contienen proporciones excesivas de omega-6. Al no detener el proceso de
inflamación, este se convierte en crónico y la aparición de alguna enfermedad
es sólo cuestión de tiempo. Por ello es de extrema importancia consumir grasas y aceites saludables.
Aunque Aristóteles
fue un gran filósofo, no tenía los datos que hoy están a nuestro alcance, por
esa razón afirmó que “la vejez es la
última etapa de la vida humana y podría considerarse como una enfermedad
natural”. Lo lamentable es que muchos profesionales de la medicina acepten
este planteamiento como veraz en el siglo XXI y peor aún, que la medicina
intente sacar partido y beneficios de la llamada “industria de la enfermedad”. La verdad es que, como afirma Jorge
Wagensberg “no hay nada menos fiable que una verdad que no cambia”
Hoy
sabemos que llegar a los 120 años con salud es una realidad al alcance de la
mayoría de nosotros. Rechazar esa posibilidad es derrochar la vida de una forma
poco inteligente.
Javier González Martín
Autor del libro “Envejecer
es bueno para la salud” (Erasmus Ediciones, 2009)
¡Ahora que has llegado hasta estas líneas te diré lo siguiente: si empiezas a cambiar hoy, en este instante; tu estilo de vida (aléjate del sedentarismo, empieza a moverte), tu alimentación (frutas y verduras, aléjate del azúcar, de las harinas, de las grasas saturadas y de los lácteos) y empiezas a nutrir tu cerebro con lectura sana, positiva, etc. Poco a poco empezarás a alejarte de tu mundo de ENFERMEDADES y empezarás a vivir felizmente, cumpliendo con ese propósito divino y te invito a hacer realidad ese sueño. Prepárate para vivir tus 120 años, en hora buena!
Pero si este es el primer Artículo que lees, entonces mi invitación es que leas cada uno de los otros 45 artículos. Cada uno de ellos esta a tu disposición del 1 al 45 y recuerda este Blog no es para leerlo una sola vez, puedes visitarlo cada vez que necesites confirmar algún tema.
Saludos y bendiciones...