La salud mental es un nivel de bienestar
psicológico, o una ausencia de enfermedad mental. Es el "estado
psicológico de alguien que está funcionando a un nivel satisfactorio de ajuste
emocional y conductual". Desde la perspectiva de la psicología positiva o
holismo, la salud mental puede incluir la capacidad de un individuo para
disfrutar de la vida, y crear un equilibrio entre las actividades de la vida y
los esfuerzos para lograr la resiliencia psicológica.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la salud mental incluye
"el bienestar subjetivo, la autoeficacia percibida, la autonomía, la
competencia, la dependencia intergeneracional y la autorrealización del
potencial intelectual y emocional, entre otros". La OMS afirma además que
el bienestar de un individuo se engloba en la realización de sus capacidades,
haciendo frente a las tensiones normales de la vida, el trabajo productivo y la
contribución a su comunidad. Las diferencias culturales, las evaluaciones
subjetivas y las teorías profesionales en competencia influyen en la definición
de la "salud mental". Una definición ampliamente aceptada de la salud
por los especialistas en salud mental es la definición del psicoanalista
Sigmund Freud: la capacidad de "trabajar y amar".
Depresión/Ansiedad
Ansiedad y depresión son dos trastornos emocionales complejos,
que implican también problemas en pensamientos y conductas. Aunque son
distintos, presentan ciertas similitudes que pueden ocasionar confusión al
intentar distinguirlos. La ansiedad es un sistema de alerta que se activa en previsión
de un peligro o amenaza futuro. Como respuesta intensa que es, resulta muy
fácil que se asocie a diferentes estímulos o situaciones. Genera una marcada
activación del organismo que sirve para que se pongan en marcha conductas como
el escape, la evitación o la lucha con los elementos amenazantes. Por lo tanto,
cuando se convierte en problemática (por ser desmesurada respecto al estímulo
que la genera, por presentarse repetidamente y/o prolongarse en el tiempo) se
trata enseñando habilidades para reducir esta activación. Además, es común que
la actividad fisiológica se manifieste también a nivel psicológico,
produciéndose un mayor número de distracciones, hipervigilancia, aprensión, irritabilidad,
inseguridad, etc. Los pensamientos y evaluaciones están relacionados con la
amenaza, la sobrevaloración del riesgo y la minusvaloración de los propios
recursos, etc. La ansiedad, por tanto, se centra en la prevención respecto al
futuro para que no se produzcan ciertas consecuencias desagradables que se
presuponen.
Además en los trastornos de ansiedad hay otra serie de
características diferenciales respecto de la depresión. No hay variación a lo
largo del día (salvo en algunos casos con fuertes componentes anticipatorios,
que suelen sentirse peor al despertarse y primeras horas del día), ni en las
diferentes estaciones del año. Por otro lado, la ansiedad no implica perdida de
la capacidad de disfrute y obtención de placer, como sucede en la depresión. Cada uno de los diferentes
trastornos de ansiedad presenta unas características propias y definitorias que
los distinguen de la depresión y de otros trastornos de la ansiedad. De esta
manera en el trastorno
obsesivo-compulsivo existen rumiaciones y rituales específicos. En el trastorno por estrés postraumático hay reexperimentaciones
del trauma (flashbacks). El miedo al miedo es propio del trastorno
de pánico. Y
el temor a hacer el ridículo es característico de la fobia
social.
El ánimo es una emoción
relacionada con el sistema de conservación/regulación de la energía y la
motivación. El estado de ánimo deprimido, o
depresión, se activa ante eventos pasados que implican pérdida, degradación o
fallos, produciéndose quietud, disminución o lentificación de los movimientos,
y una tristeza profunda. Si no es excesiva sirve
para dejar que el tiempo cure las heridas, recibir apoyo social que supla las
posibles pérdidas, recargar la energía, y facilitar la resolución de los
problemas. Pero si persiste en exceso, puede ser que los conflictos existentes
permanezcan irresueltos, se produzca aislamiento social, pérdida del sentido de
la existencia, mayor abatimiento y la creencia de que no existe solución para
los problemas. La atención y el pensamiento se orientan preferentemente a
pérdidas, fallos o degradaciones imaginadas o reales, que generan honda
tristeza, culpa inapropiada, disminución de la autoestima y, en algunos casos,
ideación suicida.
Ansiedad
Las personas que se enfrentan a la ansiedad
pueden retirarse de situaciones que han provocado ansiedad en el pasado. Hay
varios tipos de ansiedad. La ansiedad existencial puede ocurrir cuando una
persona enfrenta angustia, una crisis existencial, o sentimientos nihilistas.
Las personas también pueden enfrentar ansiedad matemática, ansiedad somática,
miedo escénico o ansiedad de prueba. La ansiedad social y la ansiedad extraña
son causadas cuando la gente está aprensiva alrededor de desconocidos u otras
personas en general. Además, la ansiedad se ha relacionado con síntomas físicos
como IBS y puede aumentar otras enfermedades mentales tales como TOC y
trastorno de pánico. El primer paso en el manejo de una persona con síntomas de
ansiedad es evaluar la posible presencia de una causa médica subyacente, cuyo
reconocimiento es esencial para decidir su tratamiento correcto. Los síntomas
de ansiedad pueden estar enmascarando una enfermedad orgánica, o aparecen
asociados o como resultado de un trastorno médico.
A menudo ocurren con otros trastornos mentales,
particularmente trastorno bipolar, trastornos de la alimentación, trastorno
depresivo mayor o ciertos trastornos de la personalidad. Las opciones comunes
de tratamiento incluyen cambios en el estilo de vida, medicamentos y terapia.
Depresión
La depresión es un estado de bajo estado de
ánimo y aversión a la actividad que puede afectar los pensamientos, el
comportamiento, los sentimientos y la sensación de bienestar de una persona. Las personas con un estado de ánimo deprimido pueden sentirse tristes,
ansiosas, vacías, desesperadas, indefensas, sin valor, culpables, irritables,
enojadas, avergonzadas o inquietas. Pueden perder interés en actividades que
alguna vez fueron placenteras, pérdida de experiencia de comer o comer en
exceso, tener problemas para concentrarse, recordar detalles o tomar
decisiones, experimentar dificultades de relación y contemplar, intentar o
suicidarse. El insomnio, el sueño excesivo, la fatiga, los dolores, los
problemas digestivos, o la energía reducida pueden también estar presentes.
La adversidad en la infancia, como el duelo, la
negligencia, el abuso mental, el abuso físico, el abuso sexual y el trato
parental desigual de los hermanos pueden contribuir a la depresión en la edad
adulta. El abuso físico o sexual infantil, en particular, se correlaciona significativamente
con la probabilidad de experimentar depresión durante el curso de la vida. Los
eventos de vida y los cambios que pueden precipitar el estado de ánimo
deprimido incluyen el parto, la menopausia, las dificultades financieras, el
desempleo, el estrés laboral, un diagnóstico médico (cáncer, VIH, etc.),
intimidación, pérdida de un ser querido, desastres naturales, Problemas de
relación, celos, separación y lesión catastrófica. Los adolescentes pueden ser
especialmente propensos a experimentar un estado de ánimo deprimido tras el
rechazo social, la presión de los compañeros y el acoso escolar.
En su próxima visita, recomiendo ir al Archivo del Blog y leer el artículo “44
problemas, 1 solución: Mangostán” y ¡Descubra las 44 razones por las cuales
debería considerar al mangostán como un requisito para la totalidad de su
salud!
No pierdas la oportunidad de compartir esta
información de Salud con tus
familiares, amigos y conocidos; ganarás algo que el dinero no puede comprar.
Saludos y bendiciones...
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por visitar, tu comentario ayuda a mejorar!